- Comenzar la clase con algo provocador, sea una frase, un dibujo, un pensamiento o con algo que resulte chocante.
- Presentar un problema cotidiano que lleve a despertar al alumno al principio de las clases: “Al venir hoy a clase he visto en el parque una fila de árboles todos pintados de azul, ¿a qué creen ustedes que puede deberse ese fenómeno? ¿Qué intención tiene quien lo ha hecho?
- Crear una atmósfera de diálogo por parte de los alumnos en la que estos se vean relajados y a gusto y no cuestionados sobre si sus preguntas son tontas o sin ningún interés.
- Dar el tiempo suficiente para que algún alumno desarrolle un argumento y se vea con ello motivado a encontrar la solución ante los demás problemas que plantea.
- En un seminario y sobre un tema concreto no preguntar sobre un problema, sino incentivar al estudiante a que sea él quien plantee el problema de forma espontánea. Ello estimula su propia querencia, autoestima y motivación personal.
- Introducir durante el desarrollo de la clase elementos que impliquen incongruencia, contradicción, novedad, sorpresa, complejidad, desconcierto e incertidumbre.
- Que los grados del punto anterior sean los adecuados sin provocar ansiedad en los alumnos.
- En los seminarios o clases prácticas procurar la participación activa del estudiante y su exploración personal.
- Reforzar el mérito y el aplauso ante una buena pregunta o resolución de un determinado problema.
- Modular pero no dirigir la búsqueda de una respuesta por parte de alumno y menos proporcionar la resolución del problema.
Este blog nace fruto de un actividad que desarolla dentro de la asignatura de Aprendizaje y Desarrollo de la Personalidad que se cursa dentro del Máster de Profesorado en Educación Secundaria de la Universidad de la Rioja
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sábado, 4 de noviembre de 2017
Estrategias en el aula
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